Pablo llegó a Corinto en el año 50 d.c, y en ese momento hacía más de un siglo que la ciudad era colonia romana. Anteriormente había sido una ciudad griega orgullosa de su historia, pero había sido destruida por Mummio en el año 146 a.c, luego de un conflicto con Roma, y permaneció en ruinas durante 100 años. Cuando Julio César decidió transformarla en una colonia romana en el año 44 a.c, el nuevo plano de la ciudad se trazó según el tradicional estilo romano.

Así, la ciudad fue el lugar donde se estableció el gobernador romano de la provincia de Acaya y pronto llegó a tener una población mayor que la de Atenas. Aunque fue fundada como “base militar”, complementada con algunos libertos de Italia, rápidamente se consolidó como un centro cultural y comercial.

Algunas de las familias pudientes de Grecia se sintieron atraídas por Corinto y se establecieron en los bellos suburbios residenciales en las laderas del enorme crestón rocoso a 545 metros, conocido como Acrocorinto, “el punto alto de Corinto”. Estas familias se contaron entre los benefactores cívicos más importantes de la ciudad. Las inscripciones dan evidencias de muchos de ellos que se encontraban entre los más sabios, los de más noble cuna y los más poderosos. A comienzos de la era cristiana los *juegos ístmicos habían comenzado nuevamente a realizarse bajo sus auspicios.

Esto es un extracto del estudio publicado. Si lo desea obtener completo, le facilitamos la descarga.

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