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23
Feb

El centurión

Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe; Lucas 7:9

En ocasiones menospreciamos a los que no son creyentes, y decimos para nosotros, que me puede enseñar a mi este. Lo normal cuando se trata de una cuestión de fe, es que aquellos que profesamos que somos creyentes, seamos ejemplo a los que no creen en cuestión de fe, pero no siempre es así. Suele suceder, que el ejemplo en cuestión de fe lo suelen dar los que no son creyentes. Tal fue el caso de un centurión romano.

Es sorprendente leer en los evangelios, que la élite religiosa en los días del ministerio de Jesús no creyeran en Jesús; «¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?» Juan 7:48; y que aquellos que eran considerados por dicha élite como impuros creyeran en él. Que un centurión romano se expresara como lo hizo aquel del que da testimonio Jesús, lo dice todo; Lucas 7:1-8.

La lección que este centurión romano dio en cuestión de fe, fue notable, tanto que el propio Jesús no desaprovechó la ocasión para enseñar a todos, que no siempre el ejemplo en cuestión de fe lo recibimos de los que se presume lo debiéramos recibir, sino de aquellos que menospreciamos.

La fe de este centurión llevada a la práctica fue ejemplar, no necesitó ver personalmente a Jesús, para creer que Jesús era quién decían que era, bastó con que le hablaran de Jesús; Lucas 7:3. Tampoco necesitó que Jesús fuera personalmente a su casa para creer que estaba por encima de la enfermedad, y que por lo tanto su palabra era suficiente para que la enfermedad abandonara el cuerpo de su siervo; Lucas 7:7. Esta es la clase de fe que maravilla a Dios.

La fe del centurión fue registrada como ejemplo, aunque fuera de un centurión.

22
Feb

Nunca digas, nunca

Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré; Mateo 26:33

En ocasiones confiamos demasiado en nosotros mismos, y cometemos el error de expresar cierta infalibilidad sin darnos cuenta de ello, censurando lo que otros hacen, sin reflexionar que somos propensos a hacer aquello que censuramos que otros hacen. Por eso, nunca digas, nunca.

Como cumplimiento de la escritura del profeta Zacarías, Jesús anuncia que todos los discípulos se van a escandalizar de él; Zacarías 13:7, a lo que Pedro respondió con un rotundo, «…yo nunca me escandalizaré«. Probablemente Pedro no reflexionó sobre lo que estaba diciendo, al dar por sentado, que los demás discípulos harían lo que según él, nunca haría, negar que conocía a Jesús, rechazándolo; no considerando como dijera el apóstol Pablo, que también él podía ser tentado.

Pablo escribiendo en su primera carta a Timoteo le dice «ten cuidado de ti mismo…»; 1 Timoteo 4:16. Nuestra principal ocupación ha de ser por encima de todo, cuidar de nosotros mismos, rindiendo nuestras vidas diariamente al Señor que nos salvó, y que nos a de seguir salvando a causa de nuestra humana debilidad.

Jesús ilustró en cierto modo esto, al mencionar a un publicano que en lugar de justificarse asimismo expresando autosuficiencia, lo que decía rindiendo su vida era «…Dios, sé propicio a mí pecador«; Lucas 18:13 . Este reconocía la imperiosa necesidad que tenía de la ayuda divina en su vida, al considerarse un pecador, es decir, alguien propenso a pecar, y que necesita la ayuda divina cada día para no hacerlo. El escritor sagrado inspirado por el Espíritu Santo escribió «…No te apoyes en tu propia prudencia«; Proverbios 3:5.

Desconfía siempre de ti mismo, y busca siempre el amparo, el socorro y la ayuda de Dios en tu diario caminar.

20
Feb

Quién dijo que no

Es importante reconocer por medio del lenguaje quién nos habla. El que no es de fe duda y trata de transmitirnos su duda también a nosotros, para que también dudemos, las palabras de Saúl a David son un claro ejemplo de ello; «No podrás tú ir contra aquel filisteo…«; 1 Samuel 17:33. En su lenguaje siempre está presente la frase no se puede.

Por otro lado el que duda siempre tratará de justificar su duda, y con ello nos hará considerar y reflexionar sobre lo que para él es la causa de su duda; «porque tú eres muchacho«.

Otro claro ejemplo lo encontramos en el relato de los doce príncipes que fueron enviados a reconocer la tierra de Canaán; Números 13:30,31, los cuales también expresaron su duda y como no la justificación de su duda, «No podremos subir contra aquel pueblo»; «porque es más fuerte que nosotros«. El lenguaje en este caso fue determinante para que toda la congregación de Israel llorara y deseara volver atrás, influenciada por el informe negativo que la mayoría de los príncipes había hablado.

Cabe destacar que quienes en ambos casos referidos no eran de fe, quienes dijeron no se puede, eran líderes, el primer rey de Israel en un caso y diez príncipes de Israel por otro.

Quién nunca va a decir no se puede, es Dios. Es la voz de Dios revelada en su palabra la que debemos oír y a la que nos debemos rendir. Aquellos que son de fe nos alentarán siempre con la palabra de Dios, transmitiéndonos la fe que es por el oír de la palabra de Dios. Las palabras de un hombre de fe como Caleb dirigidas a la desalentada congregación de Israel fueron «más podremos nosotros que ellos«.

No escuches al que de continuo te dice que no se puede, no es alguien de fe.