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25
Nov

Guarda tu corazón

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida; Proverbios 4:23

Como todos los proverbios, el objetivo de este, es proporcionar sabiduría en relación a como tratamos  el corazón. Mediante la frase guarda tu corazón, el escritor sagrado nos responsabiliza del uso que hacemos del corazón. Dios habla de que no hagamos un mal uso del corazón diciendo: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.”, Levítico 19:17. Es de sabios no descuidar el corazón, porque literalmente es una fuente de vida, que en caso de descuidarlo se convierte en una fuente de deseos y pasiones que causan la muerte.

Guardar en el hebreo נָצַר tiene dos sentidos, uno bueno, como sería proteger o custodiar, y uno malo, como por ejemplo esconder u ocultar. El escritor sagrado en este caso lo usa en el buen sentido, señalando que es necesario proteger nuestro corazón, por ser la fuente y lugar de convergencia de todas las corrientes de la vida, tanto espirituales como del alma.

Un ejemplo de mal uso del corazón lo encontramos en Esaú, hermano de Jacob, quién dijo en su corazón acerca de su hermano: “Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.”; Génesis 27:41. Esaú descuidó su corazón y este se convirtió en una fuente de venganza, con un único fin, el de causar muerte. Una mala disposición del corazón, puede tener un desenlace fatal.

La antítesis de Esaú, la encontramos en José, quién también sufrió a manos de sus hermanos. A diferencia de Esaú, José guardó su corazón de de una mala disposición, no dando lugar a la venganza. Una vez muerto el padre de José, sus hermanos dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.”; Génesis 50:15. La respuesta de José a sus hermanos evidencia que su corazón generaba vida, “Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.”; Génesis 50:19,20. Como José, seamos sabios en la gestión de nuestro corazón.

Guarda tu corazón, fuente y lugar de convergencia de todas las corrientes de la vida.

6
Nov

Una mujer sensata

Bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano; 1 Samuel 25:33

Como dice el apóstol Pablo, escribiendo a los hermanos de Corinto, hay cosas que acontecen como ejemplo, y escritas con un fin; 1 Corintios 10:11. Este es el caso de Abigail, de quién Dios habla como ejemplo de una mujer sensata. Cuando ni su propio marido le dio valor, Dios se encargó de revelar el valor de esta mujer sensata, de la cual Dios da testimonio desde un principio, diciendo de ella que era mujer de buen entendimiento (inteligente, sensata); 1 Samuel 25:3.

Abigail encarna perfectamente a la mujer sabia de Proverbios 14:1; “La mujer sabia edifica su casa; Mas la necia con sus manos la derriba.” Esta es la antítesis de la mujer de Job. Fue por su sensatez, cualidad infravalorada, que Abigail se convirtió en agente o instrumento de Dios, siendo una sencilla mujer de su casa; “Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases”; 1 Sam 25:32.

¿Por qué una mujer sencilla no puede ser un agente de Dios? Esta escritura sagrada demuestra que si, que lo puede ser. La sensatez (buen entendimiento) está al alcance de cualquier mujer, y es tipo de la iglesia fiel; “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes (gr.φρόνιμος frónimos, indica inteligencia, y se traduce como prudente, sensato) y cinco insensatas.” Mateo 25:1,2.

Por su sensatez, Abigail tenía capacidad resolutiva. “Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle”; 1 Samuel 25:17. Dice Romanos 12:21, “…vence con el bien el mal”. Así lo hizo Abigail, Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor“; 1 Samuel 25:27. La acción sensata de Abigail trajo paz sobre su casa, en lugar del mal que ya estaba resuelto, Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto; 1 Samuel 25:35.

Una mujer sensata sabe como vencer el mal.

23
Feb

El centurión

Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe; Lucas 7:9

En ocasiones menospreciamos a los que no son creyentes, y decimos para nosotros, que me puede enseñar a mi este. Lo normal cuando se trata de una cuestión de fe, es que aquellos que profesamos que somos creyentes, seamos ejemplo a los que no creen en cuestión de fe, pero no siempre es así. Suele suceder, que el ejemplo en cuestión de fe lo suelen dar los que no son creyentes. Tal fue el caso de un centurión romano.

Es sorprendente leer en los evangelios, que la élite religiosa en los días del ministerio de Jesús no creyeran en Jesús; «¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?» Juan 7:48; y que aquellos que eran considerados por dicha élite como impuros creyeran en él. Que un centurión romano se expresara como lo hizo aquel del que da testimonio Jesús, lo dice todo; Lucas 7:1-8.

La lección que este centurión romano dio en cuestión de fe, fue notable, tanto que el propio Jesús no desaprovechó la ocasión para enseñar a todos, que no siempre el ejemplo en cuestión de fe lo recibimos de los que se presume lo debiéramos recibir, sino de aquellos que menospreciamos.

La fe de este centurión llevada a la práctica fue ejemplar, no necesitó ver personalmente a Jesús, para creer que Jesús era quién decían que era, bastó con que le hablaran de Jesús; Lucas 7:3. Tampoco necesitó que Jesús fuera personalmente a su casa para creer que estaba por encima de la enfermedad, y que por lo tanto su palabra era suficiente para que la enfermedad abandonara el cuerpo de su siervo; Lucas 7:7. Esta es la clase de fe que maravilla a Dios.

La fe del centurión fue registrada como ejemplo, aunque fuera de un centurión.