Romanos 13

Las autoridades — gr. exousiai — se refiere claramente a quienes están en puestos de autoridad en el gobierno secular; en la época de Pablo, por supuesto, los funcionarios provinciales e imperiales de Roma. Someterse a tales autoridades significa reconocer su lugar por “sobre” el creyente en el “orden” que existe en el mundo. Este “orden” incluye tanto a las instituciones seculares que no cuentan con la sanción de Dios, por ejemplo el servicio o mayordomía; Tito 2:9; 1 Pedro 2:18, como a las instituciones ordenadas por Dios para el bien de su pueblo, como por ejemplo el matrimonio; Efesios 5:22; Colosenses 3:18; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1,5; la familia, Lucas 2:51; y el liderazgo de la iglesia, 1 Corintios 16:16; 1 Pedro 5:5; Efesios 5:21; Hebreos 13:17.

El gobierno humano, aclara Pablo en los versículos 1b–4, cae claramente dentro de la segunda categoría. Haciéndose eco de enseñanzas correspondientes en el Antiguo Testamento; Proverbios 8:15,16; Isaías 40:15,23,24; Daniel 2:21; 4:17,25,32; 5:21, Pablo nos recuerda que las autoridades han sido constituidas — gr. tetagmenai — por Dios y, por lo tanto, el gobernante es un servidor de Dios, aunque sea indirecta o inconscientemente; Romanos 13:4,6. Los gobernantes sirven a Dios reconociendo al que hace lo bueno; Romanos 13:3b,4a y castigando al que hace lo malo; Romanos 13:3a,4b.

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