El Antiguo Testamento frecuentemente utiliza el término justicia — heb. sedeq— , que se traduce en la LXX Septuaginta (versión griega del AT) con la misma palabra —gr. dikaiosune— para referirse a la fidelidad de Dios; Salmo 31:1; 36:5,6; Isaías 38:19; 63:7. Los estudiosos a menudo afirman que esta fidelidad se refiere al compromiso de Dios de llevar a cabo sus obligaciones positivas dentro del pacto con Israel. Pero muchos textos sugieren un concepto más básico, en el cual la fidelidad de Dios es para con su propia persona y palabra; y en algunos de estos contextos la “justicia” de Dios se manifiesta en su juicio justo y equitativo de los pecados de su pueblo; Salmo 67:4; 94:15; Isaías 5:16; 10:22.
Dado que el versículo 4 ha proclamado que Dios actúa “correctamente”, o es correcto — gr. dikaiotes— en su castigo del pecado, esta idea más fundamental de la justicia de Dios debe estar presente en el versículo 5. El fracaso de los judíos en obedecer la palabra de Dios les ha acarreado juicio, y de este modo ha destacado la fidelidad de Dios a su palabra que advierte del juicio sobre el pecado. Pero, fuera cual fuese el resultado positivo del pecado, Dios nunca es injusto por castigarlo. El juzgará al mundo, y lo hará en estricta justicia; Génesis 18:25; Job 8:3; 32:10–12.
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