Pablo continúa desarrollando el tema que inicio en el capítulo anterior acerca de la justificación por la fe, haciendo referencia a la historia de Abraham. Por dos razones era importante para Pablo citar a Abraham en este punto coyuntural.
Primera, el judaísmo ponía en alto a Abraham pero tendía a verlo como un gran pionero de la “piedad de la Torah”, un hombre que agradaba a Dios, sobre todo debido a su obediencia a la ley.
Segunda, Abraham, el receptor de la promesa de Dios y el antepasado de los judíos, ocupa un lugar crucial en la historia de la salvación en el Antiguo Testamento. Esto era particularmente así en el pensamiento de Pablo, porque él veía que uno de los errores fundamentales de sus contemporáneos judíos era el de resaltar el pacto mosaico a expensas del previo acuerdo de Dios con Abraham; Gálatas 3:15–18. Pablo necesita, entonces, citar a Abraham para demostrar que su hincapié en la justificación por la fe no es una doctrina nueva y revolucionaria, sino lo que las Escrituras enseñan desde el principio. Y, además, Pablo utiliza a Abraham para dejar absolutamente claro qué es exactamente la fe
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