Epístolas Paulinas

13
Jun

Romanos 4

Pablo continúa desarrollando el tema que inicio en el capítulo anterior acerca de la justificación por la fe, haciendo referencia a la historia de Abraham. Por dos razones era importante para Pablo citar a Abraham en este punto coyuntural.

Primera, el judaísmo ponía en alto a Abraham pero tendía a verlo como un gran pionero de la “piedad de la Torah”, un hombre que agradaba a Dios, sobre todo debido a su obediencia a la ley.

Segunda, Abraham, el receptor de la promesa de Dios y el antepasado de los judíos, ocupa un lugar crucial en la historia de la salvación en el Antiguo Testamento. Esto era particularmente así en el pensamiento de Pablo, porque él veía que uno de los errores fundamentales de sus contemporáneos judíos era el de resaltar el pacto mosaico a expensas del previo acuerdo de Dios con Abraham; Gálatas 3:15–18. Pablo necesita, entonces, citar a Abraham para demostrar que su hincapié en la justificación por la fe no es una doctrina nueva y revolucionaria, sino lo que las Escrituras enseñan desde el principio. Y, además, Pablo utiliza a Abraham para dejar absolutamente claro qué es exactamente la fe

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13
Jun

Romanos 3

El Antiguo Testamento frecuentemente utiliza el término justicia — heb. sedeq— , que se traduce en la LXX Septuaginta (versión griega del AT) con la misma palabra —gr. dikaiosune— para referirse a la fidelidad de Dios; Salmo 31:1; 36:5,6; Isaías 38:19; 63:7. Los estudiosos a menudo afirman que esta fidelidad se refiere al compromiso de Dios de llevar a cabo sus obligaciones positivas dentro del pacto con Israel. Pero muchos textos sugieren un concepto más básico, en el cual la fidelidad de Dios es para con su propia persona y palabra; y en algunos de estos contextos la “justicia” de Dios se manifiesta en su juicio justo y equitativo de los pecados de su pueblo; Salmo 67:4; 94:15; Isaías 5:16; 10:22.

Dado que el versículo 4 ha proclamado que Dios actúa “correctamente”, o es correcto — gr. dikaiotes— en su castigo del pecado, esta idea más fundamental de la justicia de Dios debe estar presente en el versículo 5. El fracaso de los judíos en obedecer la palabra de Dios les ha acarreado juicio, y de este modo ha destacado la fidelidad de Dios a su palabra que advierte del juicio sobre el pecado. Pero, fuera cual fuese el resultado positivo del pecado, Dios nunca es injusto por castigarlo. El juzgará al mundo, y lo hará en estricta justicia; Génesis 18:25; Job 8:3; 32:10–12.

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13
Jun

Romanos 2

En 1:18–32 Pablo describió el pecado y el juicio de los gentiles utilizando la tercera persona: [ellos] se “apartaron” de Dios, Dios “los” entregó. No obstante, a través de la mayor parte del capítulo 2 Pablo emplea la segunda persona del singular como en el v. 1: [tú] no tienes excusa. Este cambio de persona no significa que Pablo esté ahora hablando en forma directa a sus lectores en Roma. El está utilizando un recurso literario, común en el mundo antiguo, en el cual un autor se dirige a un contendiente o interlocutor imaginario como medio impactante para transmitir sus conceptos a su audiencia (Este estilo se denomina diatriba.)

¿Quién es el “contendiente” o interlocutor de Pablo en estos versículos? El versículo 17 señala que, al menos en los versículos 17–29, Pablo le está hablando a un judío. Muchos estudiosos creen que en los versículos 1–16 Pablo está hablando de manera más general a cualquier persona que se declara “moral”. Pero es más probable que aun aquí, el verdadero “blanco” de Pablo sea el judío. Omite al principio toda identificación específica, de manera de poder integrar al judío en su discusión antes que se haga clara su acusación. La técnica de Pablo aquí probablemente refleje el estilo de su predicación. Podemos imaginar a judíos en la audiencia de Pablo, expresando su acuerdo con la acusación de Pablo a los pecadores gentiles en el cap. 1, tan sólo para encontrarse ahora acusados por hacer lo mismo.

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13
Jun

Romanos 1

Pablo escribió esta carta alrededor del año 56 D.C., cuando estaba en la ciudad de Corinto. Pablo no había visitado aún la Iglesia de Roma. El deseaba ir allá y oraba que Dios hiciera posible esta visita; Romanos 1:10-12; 15:23-24. Esto hace que la carta a los Romanos sea especial. Las otras cartas en su mayoría fueron escritas a iglesias a las cuales él había ministrado personalmente. Pero aquí había una iglesia (la iglesia de Roma) donde Pablo no había estado y donde Pablo no había enseñado.

Podríamos hacer esta pregunta: ¿Qué enseñará Pablo cuando llegue a Roma? En Romanos, Pablo da una presentación preliminar del contenido de su ministerio de enseñanza. Lo que Pablo expone en estos 16 capítulos es nada menos que una obra doctrinal maestra. ¿De qué se trata el cristianismo? ¿Cuál es su mensaje central? ¿Cuál es el verdadero evangelio de Dios? ¿Cuáles son realmente las buenas nuevas de salvación? ¿Qué clase de mensaje predicaba el más grande de todos los apóstoles de la iglesia dondequiera que fuera? Para encontrar la respuesta a todas estas preguntas debemos volver al libro doctrinal más importante del Nuevo Testamento, la epístola de Pablo a los Romanos.

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