13
Jun

Salmos 11:5

Salmos 11:5

Jehová prueba al justo

El justo es aquel que practica la justicia. Eso no lo convierte en alguien de otra categoría, ni por supuesto mayor o mejor que el resto. Es precisamente por que entiende esto, que el justo se mantiene humillado. Consciente de que es como los demás y no mejor, admite que su vida sea sometida a examen (probada) por Dios.

El único modo del justo demostrar que es justo, es precisamente mediante la prueba. Esta cual fuego, no sólo garantiza que el justo lo es, sino que lo purifica, eliminando todo lo que puede restarle valor a su vida.

No es extraño entonces, ver a hombres piadosos, como Abraham, Job, y otros, pasar por distintas pruebas en su vida. Por eso el salmista profetizando del Mesías (Jesús) exclamó «Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí«; Salmos 42:7

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13
Jun

Mateo 7:7

Mateo 7:7

Pedid, y se os dará

Este imperativo se encuentra en el conocido como Sermón del Monte, el cual indica una acción continuada, al encontrarse en tiempo presente. Entre otras muchas enseñanzas, Jesús enseñó en este sermón, que la continuidad en la acción de pedir, es imprescindible para aquellos que dependen de otro mayor que ellos. La mejor ilustración de esto es la dependencia que el hijo tiene de su padre.

Sólo Dios está exento de dependencia alguna de alguien mayor, porque no hay nadie mayor que Él. Por eso Dios dice: «Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.»; Salmos 50:12.

Los demás somos dependientes, por eso tenemos la necesidad de pedir de forma continuada. Si pedimos al que es mayor que nosotros, nos dará, como el padre da al hijo.

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13
Jun

Éxodo 33:14

Éxodo 33:14

Mi presencia irá contigo

¿Quién no ha sentido en algún momento la imperiosa necesidad de sentir la compañía de Dios en su diario caminar? Sobre todo cuando nos vemos superados por situaciones para las que no estamos preparados.

Moisés cuando recibió la comisión de sacar a su pueblo de Egipto, le dijo a Dios que no le había declarado a quién enviaría con él. Era una situación para la que no se sentía preparado, y estaba indirectamente demandando la compañía de Dios; Éxodo 33:12.

Cuando Dios advierte nuestra necesidad de compañía, no tarda en declararnos que si necesitamos su compañía, allí estará Él. Eso fue lo que Dios le dijo a Moisés: «mi presencia irá contigo«. Dios no a cambiado, y como estuvo con Moisés, estará también contigo.

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13
Jun

Mateo 14:29

Mateo 14:29

Ven

El imperativo ven, en labios de Jesús, requiere obedecer lo que él nos manda. Pero este imperativo aquí, implicaba algo más que simplemente obedecer. Lo que Pedro le pidió a Jesús, era para cualquier hombre imposible. Caminar sobre el agua requería obedecer y también creer, porque «al que cree todo le es posible«; Marcos 9:23.

Obedecer la voz de su precepto, puede plantearnos también un desafío. Pedro obedeció y comenzó a caminar sobre las aguas. No reparó en que aquello era un desafío para él, en términos de fe.

Bastó un elemento (viento) disuasorio, para que comenzara a hundirse. No fue capaz de enfrentar el viento (desafío) que se levantó, sino que dudó y no siguió caminando. Pero aunque el viento sople, debemos seguir caminando, porque nos ha dicho «VEN«.

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13
Jun

Apocalipsis 3:20

Apocalipsis 3:20

Yo estoy a la puerta y llamo

El mayor deseo que tiene Jesús es el de tener comunión con los hombres, principalmente con aquellos que han decidido entregarle su vida a Él. Esa comunión se ve interrumpida en ocasiones, por el descuido y la autocomplacencia. Eso supone que Jesús quede fuera de nuestra vida y corazón.

Al quedar fuera de nuestra vida (a la puerta), Jesús trata de restablecer la comunión llamando, y diciendo: «Ábremeporque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche«; Cantares 5:2.

Aquel que oye su voz llamando, y abre la puerta del corazón, ve restaurada la comunión con Él (entrara a él). Una vez dentro, Jesús dice:»cenaré con él, y él conmigo«, esto es, reciprocidad deleitosa.

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13
Jun

Salmos 146:8

Salmos 146:8

Jehová levanta a los caídos

¿Quién no ha caído alguna vez, bajo alguna circunstancia, y se ha sentido completamente abatido/a? En cierto sentido esto es algo que sucede al común de los mortales. Sirva el ejemplo del salmista quién dijo a su alma: «¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?«; Salmo 42:5

El hombre es un ser de emociones, que residen en el alma. Cuando siente el impacto del desprecio, el rechazo, la incomprensión, y cuantos otros impactos más, el alma suele doblegarse, y caer (abatir). Si esto sucede, el alma no es capaz de levantarse por sí misma, necesita ayuda.

Sólo Dios que dotó al hombre del alma, es capaz de levantar (devolver al alma a su estado de reposo) a aquel que se siente caído, sanando y reparando el alma que el creó.

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