15
Jun

Eclesiastés 9:11

Eclesiastés 9:11

Tiempo y ocasión acontece a todos

Salomón inspirado por el Espíritu Santo, explica lo que sucede a menudo. Casos donde el más rápido o el más fuerte no gana, el sabio pasa hambre y los inteligentes no son recompensados con riqueza ni honor. Sirva como ejemplo, la victoria del joven David sobre el gigante Goliat.

Algunos llaman a esto suerte o azar, pero Salomón lo llama tiempo (un periodo propicio o adecuado para alguna acción) y ocasión. Este periodo no lo fijamos nosotros, sino Dios, porque está bajo su sola potestad. Es Dios, quién además determina, cuando el tiempo nos va a ser propicio y cuando no. Establece cuando comienza y cuando termina.

Fijó el tiempo de esterilidad y fertilidad sobre Ana y el de fertilidad y esterilidad en Penina. Por eso Ana derramó su corazón en exaltación y dijo: «Hasta la estéril ha dado a luz siete, y la que tenía muchos hijos languidece»; 1 Samuel 2:5. Porque tiempo y ocasión acontece a todos.

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15
Jun

Filipenses 4:7

Filipenses 4:7

La paz de Dios

La palabra paz se traduce aquí del griego eirene εἰρήνη, y denota bienestar, tranquilidad. Pablo vincula la paz que viene de Dios, a un estado en los creyentes, de bienestar y tranquilidad interior. Solo esta paz, disipa las congojas, que la ansiedad y preocupación producen. Sobrepasa, excede o sobresale, sobre toda comprensión de carácter natural.

El que confía en los cuidados de Cristo en lugar de atormentarse con todos y cada uno de sus problemas, experimentará que la paz de Dios le libra del agobio de la ansiedad. Esta paz actúa como un centinela, que guarda la mente y las emociones de ser abrumadas por un repentino arrebato de miedo, ansiedad o tentación.

La paz verdadera no se encuentra en el pensamiento positivo, en la ausencia de conflictos o en buenos sentimientos. Ella emana del Dios eterno y creador, quien sentado sobre el círculo de la tierra, gobierna y sostiene todas las cosas creadas. Ella es producto de saber que Dios tiene el control.

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15
Jun

2 Corintios 9:15

2 Corintios 9:15

¡Gracias a Dios por su don inefable!

Nada puede ser más gratuito que un don, pero el don de Dios, además de ser gratuito, es inefable, es decir, indescriptible. Se considera un don aquello que se da, y eso fue lo que Dios el Padre hizo, dar a su santo Hijo Jesús, como está escrito, «…no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros…»; Romanos 8:32.

Como exclamó el apóstol Pablo, no hay palabras para describir (inefable) un acto así. ¿Qué es más preciado para un padre que un hijo? ¿Podía Dios dar algo de mayor valor que su hijo? Desde luego que no, pues nada es de mayor valor.

Puesto que no existen palabras para describir lo que Dios ha hecho, como receptores del don, mostremos gratitud ante Dios, como quienes tienen en gran estima tal acto de amor. Mostrar gratitud, es sinónimo de reconocer el valor del don que se nos ha otorgado.

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15
Jun

Lucas 15:31

Lucas 15:31

Hijo, tú siempre estás  conmigo

Estas palabras forman parte de una parábola, con la que Jesús enseñó con motivo del gozo que supone para Dios recuperar a un pecador como hijo. Este fue el gozo que Dios sintió cuando nos recuperó para sí como hijos. Esto es así, porque como dice el profeta, «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino…»; Isaías 53:6.

Una vez recuperados como hijos, disfrutamos de su permanente compañía, y de todo lo que posee, por consiguiente compartimos el gozo con Dios al ser recuperados. Pero una vez recuperados, no debemos volver a descarriarnos, perdiendo la conciencia de la necesidad que tenemos de permanecer a su lado.

Jamás pensemos en recompensa alguna por servir a Dios estando a su lado, como si con nuestro servicio pudiéramos pagar nuestro rescate. Más bien, nuestro servicio debe emanar de un corazón agradecido. Pertenecemos a la familia de Dios, y esto no de nosotros, pues es don de Dios.

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15
Jun

Daniel 12:10

Daniel 12:10

Los entendidos comprenderán

Entendido se traduce del hebreo sakál שָׂכַל, que fundamentalmente significa mirar, prestar atención. El entendido desarrolla su comprensión intelectual en base a esta idea. Entender lo que en su momento el profeta oía, requería de su cumplimiento para la comprensión. Es decir, su cumplimiento revelaría el significado.

El observar detenidamente y prestar atención a las palabras de Daniel, es lo que nos hace entendidos, como también dijera Jesús, «Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)»; Mateo 24:15.

Además el apóstol Pedro dice: «Tenemos… la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro…»; 2 Pedro 1:19. Daniel en su momento no entendió, pero nosotros no tenemos excusa alguna para no comprender lo que ante nuestros ojos Dios está cumpliendo.

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15
Jun

Juan 14:18

Juan 14:18

No os dejaré huérfanos

La palabra huérfano define a alguien sin padres, desamparado, sin ni siquiera amigos. La promesa de Jesús es la de aquel que como un padre nunca dejará desolados a sus hijos. Desde luego no es esto algo nuevo, pues el salmista dice: «Padre de huérfanos…, es Dios en su santa morada»; Salmos 68:5.

Jesús durante su vida terrenal desempeñó este rol, estando siempre al lado de los discípulos, En ningún momento los abandonó. Su promesa tiene como fin asegurar la continuidad de lo que hacía. Para asegurar esa continuidad Jesús designa al Espíritu Santo, quién en su ausencia hará lo que él haría si estuviera presente físicamente.

La presencia y morada del Espíritu Santo en nosotros es la garantía de la continuidad de lo que Jesús hizo. Como los primeros discípulos, también nosotros ahora, gozamos de la más maravillosa, incomparable y fiel compañía. El Espíritu Santo mora con nosotros y está en nosotros, por eso no estamos huérfanos.

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