15
Jun

Juan 6:68

Juan 6:68

¿A quién iremos?

Esta frase no es una pregunta, sino una respuesta. La respuesta del apóstol Pedro a Jesús, cuando este les dijo a los que no le habían dejado, ¿queréis acaso iros también vosotros? Jesús dijo esto, porque muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Desde luego, el que anda con él, de forma voluntaria a de hacerlo.

Para Pedro era impensable dejar a Jesús. Aunque la palabra de Jesús era dura, para Pedro además era palabra de vida eterna, lo cual era mucho más relevante que el hecho de que fuera dura. La palabra de cualquiera puede ser dura, pero sólo la palabra de Jesús es de vida eterna.

Por esto Pedro respondió a Jesús, ¿a quién iremos? Excepto Jesús, nadie más puede hablar este tipo de palabras. Maestros, sabios y entendidos hay en el mundo, y no pocos, pero ninguno de ellos jamás ha hablado palabras que den vida, en el presente y eternamente.

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15
Jun

2 Corintios 3:17

2 Corintios 3:17

Donde está el Espíritu del Señor

Pablo afirma que donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Para entender tal afirmación, es necesario leer lo que precede al texto mencionado. En el contexto, el apóstol habla de aquellos que se convierten al Señor, para a continuación afirmar lo que estos experimentan cuando se convierten.

El Espíritu del Señor viene a morar en el corazón de todo aquel que se convierte, de ahí la afirmación de Pablo. La morada del Espíritu de Dios en la vida del que se convierte, lo constituye en templo, como esta escrito, «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?»; 1 Corintios 3:16. Esto es algo de lo que algunos no son conscientes.

Una vez que el Espíritu del Señor mora en el corazón del que se convierte, se produce el mayor acto y experiencia de libertad. El pecado que durante tanto tiempo a reinado, abandona el corazón que ha esclavizado, para ceder el lugar al que trae la libertad, el Espíritu Santo.

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15
Jun

Proverbios 16:33

Proverbios 16:33

De Jehová es la decisión

Tomar decisiones es algo complejo en ciertas cuestiones. Por ello es imprescindible que acudamos siempre a Dios, de quién es toda decisión. El término decisión, en hebreo mishpat מִשְׁפָּט, tiene dos acepciones principales. La primera se relaciona con las funciones de un juez, que son: escuchar una causa y emitir un veredicto justo. La segunda con los derechos de una persona.

De Jehová es la decisión, porque es el juez de toda la tierra, por eso Eclesiastés dice: «Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala»; Eclesiastés 1:14. ¿Quién puede emitir un veredicto justo en cualquier causa, sino Dios? Es por esa razón, que el escritor sagrado habla de la costumbre de consultar a Dios, para saber cuál es su decisión (veredicto).

No olvidemos además lo que dice Proverbios 16:1; «Del hombre son las disposiciones del corazón; mas de Jehová es la respuesta de la lengua».

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15
Jun

Mateo 6:34

Mateo 6:34

Basta a cada día su propio mal

Con esta máxima Jesús trata un problema que ocurre en el común de los mortales, como es la preocupación, que causa ansiedad, tensión y presión. En ella Jesús advierte, que es suficiente la dificultad o aflicción que cada día trae consigo. Añadir más tensiones a las que ya de por sí el día trae consigo, no es necesario.

¿Por qué preocuparnos por el día de mañana, cuando el día de hoy aún no ha terminado?, ¿podemos acaso asegurar que viviremos mañana para así preocuparnos?, ¿aquel (Dios) que cuida de nosotros no sabe de que tenemos necesidad y provee para nuestro cuidado?

Que nos preocupan las cosas cotidianas de la vida es un hecho, pero vivir preocupados no va a cambiar lo que es propio de nuestro vivir cotidiano. Si Dios alimenta a las aves, y viste a los lirios del campo, ¿que no hará con nosotros que también estamos bajo su cuidado? Vivamos confiados de que Dios no nos fallará en lo referente a nuestro cuidado.

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15
Jun

Sofonías 3:19

Sofonías 3:19

Recogeré la descarriada

En Deuteronomio 22:1 leemos lo siguiente: «Si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano». Es un deber cristiano y humano el prestar ayuda cuando ves una necesidad en tu hermano. Pero, la realidad es otra bien distinta. Somos propensos a negar ayuda a los extraviados y descarriados.

Muchos descarriados mas bien lo que experimentan es el oprobio, es decir, viven en silencio su afrenta, su desgracia y deshonra, sin que nadie les ayude. Algo semejante experimentaban los habitantes de Jerusalén, a los que les profetiza Sofonías.

Es a estos descarriados y a otros como ellos que Dios se dirige, expresando que no les negará su ayuda. Cuando Dios ve el oprobio del descarriado o extraviado no mira para otro lado, sino que se dispone a recogerlo. Su voluntad es devolverlo al redil, del cual se ha extraviado.

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15
Jun

Juan 8:11

Juan 8:11

Ni yo te condeno

Es un hecho, que solo alguien con autoridad puede pronunciarse respecto a lo que se denomina judicialmente una condena. Condenar era competencia de las autoridades romanas, como lo corroboran las palabras de Pilato a Jesús, «¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?»; Juan 19:10.

Pero hablando de autoridad, Jesús respondió a Pilato que hay una autoridad mayor que la civil y que denomina como de arriba, «Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba»; Juan 19:11. Esto significa que la máxima autoridad es Dios.

Si Jesús (Dios) la máxima autoridad, no condenó a una mujer adúltera a morir lapidada, ¿porque entonces nosotros queremos a veces condenar a los demás? La función de la autoridad no es desterrar, sino recuperar al que peca. Esto fue lo que hizo Jesús y sigue haciendo, recuperar al que peca, para que no peque más.

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