15
Jun

Salmos 27:14

Salmos 27:14

Aliéntese tu corazón

El aliento es el antónimo del desaliento, es decir, del decaimiento del ánimo, y desfallecimiento de las fuerzas. El aliento se define como el vigor del ánimo, esfuerzo, valor, que tiene que ver con el estado emocional del hombre. Cuando las dificultades y problemas se multiplican entra en acción el desaliento.

David, el autor del salmo, pone de manifiesto diferentes circunstancias adversas a las que se enfrentó, como testigos falsos, enemigos gratuitos, que socavaron su ánimo. La frase, «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová…«; Salmos 27:13, así lo sugiere.

El ánimo y vigor para sobreponerse al desaliento lo encontró en Dios. Cierto es que tuvo que esperar o aguardar a la intervención de Dios, pero siempre, vio a Dios intervenir. Por este motivo, no sucumbió cuando emocionalmente el desaliento se hizo presente en su vida. Si esperas en Dios, podrás decirle a tu corazón, aliéntate.

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15
Jun

Marcos 1:40

Marcos 1:40

Si quieres, puedes limpiarme

¿Responde Dios todas nuestras oraciones? La verdad es que responde aquellas que efectuamos conforme a su voluntad,  como dice el apóstol Juan, «…si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye, y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho«; 1 Juan 5:14,15.

La oración no es un recurso para inducir a Dios a cambiar su pensamiento y a hacer lo que nosotros queramos. Para ser efectiva debe ser elevada conforme a su voluntad. El leproso del relato expresó su deseo de ser limpio, pero sólo si ese era el deseo de Jesús acerca de él.

Jesús sana, porque es poderoso para hacerlo. La incertidumbre de este leproso no residía en si Jesús podía sanarlo, sino en si quería hacerlo. Era consciente de que su sanidad dependía de lo que Jesús determinara de él. Debemos recordar que Jesús nos enseñó a orar al Padre diciendo, «hágase tu voluntad«; Mateo 6:10.

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15
Jun

Juan 11:40

Juan 14:10

Si crees, verás la gloria de Dios

Importante es prestar atención al orden de las palabras de Jesús, en esta frase dirigida a Marta, la hermana de Lázaro. El orden es, si crees, verás, y no al contrario, que es lo que presuponemos los hombres debería de ser el orden. En esto, vemos a Jesús instruyendo a Marta y a todos los presentes, incluidos los apóstoles.

Por naturaleza sembramos la semilla que da fruto primero, en un acto de fe, porque creemos que veremos el fruto después. La naturaleza misma, también nos enseña, que este es el orden. La verdad espiritual que Jesús quiso enseñar, en este caso, es que hay que seguir el orden establecido para ver la gloria de Dios.

Jesús puso en práctica esta verdad, mediante el principio natural revelado por Pablo que dice: «lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes«; 1 Corintios 15:36. La muerte de Lázaro generó un acto de fe, por el que la vida surgió de la muerte, manifestándose así la gloria de Dios.

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15
Jun

Proverbios 16:28

Proverbios 16:28

El chismoso aparta a los mejores amigos

Mas común de lo que imaginamos son las personas de espíritu chismoso. El espíritu del hombre, representa la naturaleza mas elevada de este, y está relacionado con la cualidad de su carácter. Aquello por tanto, que adquiere dominio de su espíritu, se convierte en un atributo de su carácter.

La expresión chismoso se traduce de una raíz hebrea נִרְגָּן que significa enrollar en pedazos, que es lo que hace el chismoso, enrollar a unos y otros con palabras suaves, hasta hacerlos pedazos. Es así, como el chismoso consigue que las relaciones entre amigos, se rompan.

El chisme es el causante de la destrucción de la reputación de muchas personas. Este es uno de los pecados del espíritu que podemos decir no se trata, ni se menciona casi, teniendo gran poder de destrucción. Dios, conocedor del gran poder de destrucción del chisme dijo: «No andarás chismeando entre tu pueblo«; Levítico 19:16.

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15
Jun

Deuteronomio 8:2

Deuteronomio 8:2

Te acordarás de todo el camino

La manera en que Dios nos guía, solo es visto en ocasiones como un castigo. Cuando el camino es penoso, angustioso, difícil, insoportable, de manera natural, no lo vemos de otro modo que como un castigo. Si bien es cierto, que como castiga el hombre a su hijo, así Dios castiga a sus hijos, no es menos cierto que este se presta como una oportunidad para desarrollar la fe y la obediencia.

El énfasis en estas palabras recae sobre la disciplina, lo cual constituye el otro lado del castigo que no solemos ver, que es el del inmensurable amor de Dios para con sus hijos. Como en otro lugar dicen las Escrituras, «Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere»; Proverbios 3:12

Recordar el camino de la disciplina con tristeza, no es acertado. Por medio de este camino hemos podido ver, no solo el amor que Dios nos tiene, sino su fidelidad, y su cuidado. Aprender la obediencia no es un camino fácil, pero si de gran provecho para nuestras almas, en el que hay que recordar el amor y no el dolor.

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15
Jun

Mateo 12:33

Mateo 12:33

Por el fruto se conoce el árbol

Con esta ilustración Jesús enseñó que lo que somos es más importante que lo que hagamos y digamos. Un árbol dará fruto, bueno o malo, dependiendo de lo que sea en sí mismo. Si es bueno, su fruto será bueno, y si es malo, su fruto será malo. Por ende, juzgamos un árbol por la clase y cualidad del fruto que da.

Al decir Jesús, «por el fruto se conoce el árbol», no se está refiriendo al árbol de fruto según su género, sino a la calidad del árbol que produce el fruto. La calidad, es producto de lo que el árbol es en sí mismo. Jesús quería hacer énfasis, en que si el árbol es bueno, su fruto no puede ser malo, y si el árbol es malo, su fruto no puede ser bueno.

Los fariseos querían destruir la reputación de Jesús, acusándole de ser un instrumento del mal, mediante la frase «este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios». Para demostrar la inconsistencia de tal afirmación, Jesús se valió de la ilustración del árbol y su fruto.

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