3
Abr

Isaías 28:26

Isaías 28:26

Dios le instruye, y le enseña lo recto

Como parte de la creación se encuentra el hombre, al cual Dios puso en la tierra no solo para que la habitara, sino para que la labrara y la guardase; Génesis 2:15. Como se puede observar, Dios estableció que el hombre invirtiera energía y tiempo en una actividad productiva como es labrar.

El profeta Isaías inspirado por Dios revela que aquella labor de labrar la tierra contó con la instrucción de Dios diciendo: «el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara«, y esto el hombre lo hace así porque su Dios le instruye y le enseña. Dios nunca pedirá al hombre algo que él no le enseñe a hacerlo. Si deseas que tu actividad sea productiva necesitas que Dios te enseñe he instruya según su sabio y maravilloso consejo.

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30
Ene

Marcos 9:23

Marcos 9:23

Al que cree todo le es posible

Que Dios haga lo que necesitas imperiosamente, depende solamente de que creas. Que Jesús haga doble énfasis en la palabra creer, demuestra hasta que punto esto es necesario. Esta frase «si puedes creer, al que cree todo le es posible» no está solamente dirigida a aquel padre mencionado en el contexto de este suceso, sino a ti y a mí también.

Este padre de familia argumentó que los discípulos de Jesús carecían de poder y que si en verdad él (Jesús) tenía poder para hacer algo, entonces era el momento de demostrarlo. Pero Jesús inmediatamente le respondió, y manifestó que no era cuestión de poder sino de fe el que en la vida de su hijo sucediera un milagro.

A menudo actuamos como este padre de familia, poniendo en duda que Dios tenga poder para hacer lo que demandamos o necesitamos. Jesús nos enseñó que la clave es esta, «Dios lo puede hacer si tu puedes creer«. El creyente no debe cuestionar de Dios su poder, sino si puede creer en su poder.

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9
Ene

Hebreos 10:37

Hebreos 10:37

El que ha de venir vendrá, y no tardará

Hay una promesa divina que parece haberse desvanecido, y que requiere más que nunca nuestra atención. Esa promesa no es otra que la del segundo advenimiento de Jesús, nuestro redentor y salvador. Nuestra expectación debe ser la de nuestro arrebatamiento al cielo, pues como la creación gime, también  nosotros tenemos que gemir dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo; Romanos 8:23.

Jesús dijo: «…vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo…»; Juan 14:3. Las palabras de Jesús contrastan con las proclamadas por el profeta Habacuc, mencionadas por el autor de la carta a los Hebreos, cuyo propósito es el de que no perdamos la confianza en la referida promesa.

Todos los acontecimientos presentes indican que «nuestra redención está cerca«, y que «las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros a de manifestarse«; Romanos 8:18. Estemos preparados para recibir a nuestro glorioso Salvador Jesús.

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1
Ene

Isaías 43:18

Isaías 43:18

No os acordéis de las cosas pasadas…

Para hacer cosas nuevas, Dios establece que es necesario que no recordemos lo que ya ha pasado, pues de otro modo no es posible ir hacia adelante. La expresión hebrea זָכַר zakár utilizada por el profeta traducida como acordar significa recordar, pensar. En el contexto en el que se cita es en relación a las liberaciones obradas por Dios en el pasado.

Recordar lo que Dios hizo en el pasado en términos de liberación, como algo irrepetible, es algo que nos priva de mirar el presente y el futuro con esperanza y consuelo. Como creyentes debemos mirar hacia adelante con fe y esperanza, apoyados en las preciosas y grandísimas promesas que nos han sido dadas, que Dios va a obrar.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él; 1 Tesalonicenses 5:8-10.

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22
Ene

Lucas 6:38

Lucas 6:38

Dad, y se os dará

Entre las muchas verdades espirituales que Jesús enseñó encontramos esta, «Dad, y se os dará«. Esta es una verdad que está vinculada a una ley universal conocida como ley de reciprocidad. La reciprocidad es la disposición a corresponder del mismo modo a un determinado comportamiento ajeno. Tú das, y a ti te dan, eso es reciprocidad.

Esperar recibir algo de los demás, sin la disposición de dar a los demás es algo contrario a la reciprocidad. No piense quién tal haga que recibirá cosa alguna, porque será correspondido del mismo modo que el hace con los demás, cumpliéndose la ley de reciprocidad.

El dar y el recibir van juntos. Solamente dando nos colocamos en posición de recibir. En la medida que damos, en esa misma medida recibimos. Si nuestra medida es buena, apretada y remecida, también lo será aquella que recibamos. No debemos desestimar la importancia de la reciprocidad en nuestro comportamiento. Recuerda, lo que guardamos lo perdemos, y lo que damos lo tenemos.

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21
Ene

Romanos 13:10

Romanos 13:10

El amor no hace mal al prójimo

El amor es la mas grande de las virtudes. La lengua griega, en la que fue escrita esta frase cristiana, es una de las más ricas, y tiene una facultad sin rival para expresar los diversos matices del significado de un concepto, en este caso del amor. Hasta cuatro matices existen en el griego para definir el amor.

Tres de estos matices, son inadecuados para expresar el concepto que Dios tiene del amor. El vocablo griego adecuado para definir el amor de Dios es ágape ἀγάπη. Ágape es un principio por el cual vivimos deliberadamente.

Dicho principio fue descrito por Jesús así: «…haced bien a los que os aborrecen…; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos«; Mateo 5:44-45. Al margen de cómo un hombre sea, Dios no procura para él sino su mayor bien. Ágape apela a todo el hombre para realizarse; no sólo toma su corazón, sino también su mente y su voluntad. Es benevolencia insuperable, bondad invencible, una proeza, una victoria, una conquista de la voluntad.

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