Epístolas Paulinas

13
Jun

1 Corintios 4

Pablo utiliza dos palabras muy apropiadas para describir la función de los maestros en la iglesia: servidores, lit. “ayudantes, o colaboradores”, y mayordomos. La primera conlleva el sentido de rendir personalmente cuentas a Cristo en cuyo servicio uno se ocupa. La segunda se refiere a la actividad clave de ese siervo especial en la casa cuya tarea era transferir los recursos del dueño a los miembros de su casa según sus necesidades. Lo que se le ha confiado a Pablo son los misterios de Dios, esto es, la sabiduría de Dios de la que habla en el capítulo anterior. Es un transmisor de la verdad.

Los mayordomos seculares debían poseer ciertas cualidades. En el contexto cristiano lo que se exige es confiabilidad; los antecedentes de falta de confiabilidad en el mundo secular están profusamente documentados. Pablo se preocupa muy poco por el juicio de los demás, venga éste de la comunidad cristiana o de cualquier tribunal humano. Aunque no sabe de conducta incorrecta alguna en su ministerio cristiano, Pablo subraya que el Señor es su juez, y concluye con la orden de que no deben juzgar nada antes de tiempo, es decir, del día del Señor.

Es Cristo el que expondrá los intentos de cubrir las malas obras y no juzgará meramente las acciones, sino las motivaciones. Será en ese momento que cada uno recibirá su alabanza, es decir el elogio, de parte Dios. Como lo muestra 2 Corintios 10:10-13, los corintios tardaron mucho en aprender esta lección; y aun después de ellos, la iglesia no se ha desempeñado mejor.

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13
Jun

1 Corintios 3

El verdadero crecimiento espiritual requiere de la palabra de Dios. En 1 Corintios 2:10 Pablo comienza a examinar nuestra necesidad de sabiduría y revelación dadas por el Espíritu Santo, y la relaciona estrechamente con el hecho de que hemos recibido las palabras “que enseña el Espíritu”; 1 Corintios 2:13.

Tras estas observaciones, pasa a una franca confrontación con la carnalidad de los corintios, la cual atribuye a que sólo habían conocido superficialmente la Palabra de Dios; las palabras “aún no erais capaces” de recibir vianda (alimento sólido) indican con claridad meridiana que los corintios eran inmaduros, conocían solamente los elementales principios de la doctrina de Cristo, 1 Corintios 3:1,2; Hebreos 5:12, por eso el Apóstol los denomina niños.

La verdad que plantea este pasaje es que ninguna cantidad de supuesta riqueza o experiencia espiritual refleja un genuino crecimiento espiritual, si este conocimiento está separado de nuestro crecimiento básico en el conocimiento de la Palabra de Dios. Sin esta cimentación en la palabra, podemos estar engañados acerca de nuestro crecimiento.

Esta “cimentación” es en verdad y amor, y no tan solo en un conocimiento aprendido o en un estudio realizado. A fin de experimentar verdadero crecimiento espiritual, debemos dedicar tiempo a la lectura de la Palabra y separarnos de los impedimentos de la falta de amor, rivalidad y contienda; Juan 14:21.

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13
Jun

1 Corintios 2

Aquí Pablo hace un contraste entre la sabiduría divina y la admirada sabiduría de la clase gobernante. Dios se ha complacido en revelar su sabiduría por medio de su Espíritu a los apóstoles, a nosotros dice Pablo; 1 Corintios 2:10. El nosotros que se implica en los versículos 6, 7, 13 y 16 no se refiere a los cristianos de Corinto cuyo comportamiento, según se describe en esta carta, era carnal. Tampoco se refiere a los cristianos en general, sino antes bien al ministerio especial de los apóstoles.

Pablo declara que él habla no sólo el evangelio, sino la sabiduría de Dios; 1 Corintios 2:6-8. Esta se habla entre los que han alcanzado madurez, es decir, entre aquellos que se han perfeccionado en la experiencia y el conocimiento cristiano, en contraste con los niños en Cristo, menos maduros en el crecimiento cristiano. Los virtuosos y aclamados oradores de la época utilizaban esta expresión relacionándola con ellos mismos, y sostenían que hacían que sus alumnos también lo fueran.

Ellos serían los futuros regidores de ciudades y estados. Es muy posible que Pablo tuviera esto en mente, cuando dice lo que su sabiduría no es: no es la sabiduría de la edad presente, ni la de los príncipes de esta edad, que perecen. Luego define lo que sí es.

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13
Jun

1 Corintios 1

Pablo llegó a Corinto en el año 50 d.c, y en ese momento hacía más de un siglo que la ciudad era colonia romana. Anteriormente había sido una ciudad griega orgullosa de su historia, pero había sido destruida por Mummio en el año 146 a.c, luego de un conflicto con Roma, y permaneció en ruinas durante 100 años. Cuando Julio César decidió transformarla en una colonia romana en el año 44 a.c, el nuevo plano de la ciudad se trazó según el tradicional estilo romano.

Así, la ciudad fue el lugar donde se estableció el gobernador romano de la provincia de Acaya y pronto llegó a tener una población mayor que la de Atenas. Aunque fue fundada como “base militar”, complementada con algunos libertos de Italia, rápidamente se consolidó como un centro cultural y comercial.

Algunas de las familias pudientes de Grecia se sintieron atraídas por Corinto y se establecieron en los bellos suburbios residenciales en las laderas del enorme crestón rocoso a 545 metros, conocido como Acrocorinto, “el punto alto de Corinto”. Estas familias se contaron entre los benefactores cívicos más importantes de la ciudad. Las inscripciones dan evidencias de muchos de ellos que se encontraban entre los más sabios, los de más noble cuna y los más poderosos. A comienzos de la era cristiana los *juegos ístmicos habían comenzado nuevamente a realizarse bajo sus auspicios.

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13
Jun

Romanos 16

Los elogios a un hermano cristiano y los saludos son componentes típicos de las partes finales de las cartas de Pablo. Lo que no es típico en este texto es la cantidad poco común de personas a las que Pablo saluda: menciona a 27. Una carta de la antigüedad, como una carta moderna, generalmente terminaba con los buenos deseos para el que la recibía, y saludos a los amigos. Pero antes de enviar saludos a los romanos, Pablo añade unas cuantas frases a manera de postdata para presentarle a la iglesia de Roma a una diaconisa (gr. diakonos) de la iglesia en Cencrea llamada Febe.

El hecho de que el apóstol Pablo recomiende a Febe parece respaldar el que fuera ella la encargada de entregar la carta a los hermanos de Roma, así también como el mencionar que era diaconisa de la iglesia en Cencrea respalda el que desempeñaba el oficio de un diácono, lo cual contribuía a que fuera considerada de manera digna, como fiel.

Cartas tales de recomendación eran ampliamente usadas en la iglesia primitiva. Pablo le pregunta en otro lugar a la iglesia de Corinto: “¿…tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros…?”; 2Corintios 3:1. Había necesidad de tales cartas en el caso de personas menos conocidas. Una iglesia necesitaba saber que la persona desconocida que llegaba y que buscaba hospitalidad no era un impostor/a.

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13
Jun

Romanos 15

La conclusión del ruego de Pablo por tolerancia en la iglesia romana se da en cuatro partes: un llamado final a los fuertes; Romanos 15:1-4; una oración por la unidad de todos los cristianos en Romanos 15:5,6; un último ruego (con apoyo bíblico) tanto a débiles como a fuertes Romanos 15:7-12; y una oración final Romanos 15:13.

Los versículos 1-4 están estrechamente relacionados con Romanos 14:13-23, ya que Pablo, utilizando la palabra por primera vez, insta a los fuertes a sobrellevar las flaquezas de los débiles. El uso de la primera persona plural (somos) muestra que Pablo se incluye dentro de los fuertes. La expresión sobrellevar — gr. bastazein — sugiere que los fuertes deben hacer algo más que simplemente tolerar a los débiles: deben ayudarlos en una actitud de amor; Gálatas 6:2. Esto se confirma en los versículos 2 y 3, que desarrollan la advertencia de Pablo, al final del versículo 1, de no agradarnos a nosotros mismos.

La motivación a agradar al prójimo nos recuerda el mandato del amor; Romanos 13:9; Levítico 19:18, y la alusión a Cristo de entregarse como sacrificio para beneficiar a otros. La cita del versículo 3b proviene de un salmo que los escritores del Nuevo Testamento aplican frecuentemente a los sufrimientos de Jesús; Salmos 69; Marcos 15:23,36; Juan 2:17; 15:25; 19:28, 29; Hechos 1:20. El recordatorio de Pablo en el versículo 4, sobre la importancia permanente de lo que fue escrito anteriormente, tiene el propósito inmediato de justificar la cita en el versículo 3, pero también es cierto como principio general.

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